¿Cómo usar un aerógrafo para modelismo?

El aerógrafo es la herramienta que marca un antes y un después en la trayectoria de cualquier modelista. Ya sea para aplicar imprimaciones perfectas, realizar transiciones de color imposibles de lograr con pincel o para acelerar el pintado de grandes superficies, entender cómo usar un aerógrafo correctamente abre un abanico de posibilidades creativas.
Sin embargo, enfrentarse por primera vez a este dispositivo puede ser abrumador por la complejidad de sus componentes, manejar las presiones o conseguir las proporciones perfectas de la mezcla de la pintura. Por ello, en esta guía de Green Stuff World explicamos paso a paso cómo usar un aerógrafo desde cero.
1. Equipo básico para usar un aerógrafo
Antes de comenzar a trabajar con el aerógrafo, es fundamental contar con todos los elementos necesarios y saber para qué sirve cada uno.
• Aerógrafo de doble acción. Este tipo es un estándar para trabajar con precisión en el modelismo. A diferencia de los de acción simple, estos dispositivos permiten controlar tanto el flujo de aire (presionando el gatillo hacia abajo) como la cantidad de pintura (moviendo el mismo gatillo hacia atrás) de forma independiente. Esta dualidad es lo que permite realizar desde capas base opacas hasta líneas tan finas como un cabello, entre muchas otras acciones personalizadas.
• El compresor con calderín. El comprensor es indispensable para hacer funcionar el aerógrafo. Es recomendable usar modelos que incluyan un tanque de reserva o calderín para que el aire salga más suave, continuo y regular. Además, evita que el motor funcione constantemente, reduciendo el ruido y, lo más importante, eliminando las pulsaciones de aire. Funciona cargando de aire el depósito, una vez lleno, el motor se apaga hasta que la presión baja demasiado. Resultado: menos ruido, menos calor y más vida útil. Sin embargo, estos compresores son más caros. Si no puedes invertir en un compresor de calderín, adquiere uno sin tanque, se puede pintar igual, aunque sea un poco más incómodo.
• Regulador y trampa de humedad. El aire comprimido genera condensación. Sin una trampa de humedad, pequeñas gotas de agua viajarán por la manguera y saldrán disparadas junto con la pintura, creando manchas en la miniatura. Un regulador con manómetro permite ajustar los PSI exactos para cada técnica.
• Estación de limpieza. Esta herramienta no solo facilita la limpieza del aerógrafo, sino que también ofrece un soporte seguro durante las sesiones de pintado, evitando caídas que podrían doblar la aguja o provocar otras imperfecciones. Por otra parte, permite purgar los restos de pintura y disolvente de forma segura, filtrando los vapores tóxicos y manteniendo limpio el aire de tu lugar de creación.

2. La preparación de la pintura
Para explicar cómo usar un aerógrafo es fundamental indicar primero cómo tratar la pintura para el aerógrafo. La pintura acrílica para modelismo posee una viscosidad diseñada para pincel, por lo que es más densa de lo que puede soportar el interior de la herramienta. Si se introduce en la cazoleta directamente del bote, la aguja no podrá desplazar el pigmento y la boquilla se obstruirá antes de que la pintura llegue a salir.
Tradicionalmente, la consistencia conveniente para el aerógrado suele compararse con la de la leche. La pintura debe tener la fluidez suficiente para deslizarse por las paredes del aerógrafo, pero manteniendo la opacidad necesaria para dejar un rastro de color coherente, por lo que es importante usar pintura de calidad. Lograr este equilibrio requiere el uso de un Acrylic Thinner profesional. A diferencia del agua, que puede romper la cohesión del pigmento, los diluyentes específicos contienen retardantes y tensioactivos químicos. Estos aditivos reducen la tensión superficial y retrasan el secado en la punta de la aguja, permitiendo sesiones de pintura mucho más largas y fluidas sin interrupciones para limpiar la boquilla.
La mezcla se hace directamente en la cazoleta y, normalmente, el ratio pintura-thinner es 1:1, aunque todo depende del espesor de la pintura empleada. Basta con introducir la misma cantidad de gotas de pintura como de diluyente. Para mezclar ambos productos puedes usar un pincel o el mismo aerógrafo. Si tapas la boquilla y aprietas el gatillo hacia atrás, el aire saldrá por la cazoleta, mezclando lo que hay en su interior. Generalmente, si tienes un recorrido corto utilizando estas herramientas, puede que no alcances la consistencia que necesitas con la primera mezcla. No te preocupes, puedes corregirla añadiendo más pintura o thinner, dependiendo de si necesitas una mezcla más espesa o más líquida. Ves testando el resultado en una superficie de prueba hasta lograr el que necesitas.

Un indicador claro de que la pintura está diluida en exceso es que el aerógrafo no atomiza bien y la pintura sale con salpicaduras o splattering no controladas, formando chorretes en lugar de un acabado uniforme.
Si por el contrario la herramienta se obstruye, puedes usar el mismo método “backflushing” para que parte de la pintura vuelva a la cazoleta: tapa la boquilla y tira hacia atrás del gatillo para que la presión haga retroceder la pintura.
Otra opción es comprar pintura para aerógrafo como la de Green Stuff World, la cual se usa directamente sin necesidad de diluir.
3. ¿Cómo usar el gatillo del aerógrafo?
Aprender a usar un aerógrafo requiere desarrollar una memoria muscular para usar el gatillo. Su movimiento no es un simple “clic”, sino que es un movimiento dividido en dos pasos que deben dominarse hasta que se vuelvan instintivos. Primero, presionar hacia abajo para liberar un flujo de aire constante. Segundo, deslizar suavemente hacia atrás para permitir que la aguja se retire y deje paso a la pintura, que comenzará a ser succionada por el flujo de aire hasta la boquilla.
La regla de oro de la aerografía es: siempre empieza con aire, añade pintura, corta la pintura y termina con aire. Si cortas el flujo de aire mientras la aguja aún está retraída (posición de pintura), quedará una pequeña cantidad de pigmento húmedo en la punta de la boquilla. Al volver a presionar el aire en el siguiente disparo, esa gota saldrá despedida como un salpicón arruinando el trabajo realizado hasta el momento.
4. ¿A qué presión trabaja un aerógrafo?
La presión de aire, medida en PSI (libras por pulgada cuadrada), es la variable que determina cómo se atomiza la pintura. No existe una presión perfecta universal, ya que ésta depende totalmente de la viscosidad de la mezcla, de la cercanía a la superficie de la maqueta y del modelo del compresor.
• Capas base e imprimación (18-25 PSI). Para cubrir superficies amplias, una presión mayor asegura que la pintura se atomice en partículas finas que cubran de forma homogénea. La distancia recomendada es de 10-15 cm de la pieza, moviendo la herramienta en pasadas constantes para evitar acumulaciones de pintura líquida.

• Detalles, luces y degradados (8-12 PSI). Cuando se busca precisión, bajamos la presión. Esto permite estar más cerca de la miniatura (incluso a 1 o 2 cm) sin que la fuerza del aire desplace la pintura fresca, creando las llamadas “patas de araña”. En este rango, la pintura debe estar más diluida, casi como una tinta, para que pueda fluir a pesar de la baja presión de aire. Controlar esta relación entre cercanía y baja presión es la clave para realizar perfiles y luces con una suavidad que el pincel difícilmente puede igualar.
Cómo usar el compresor para el aerógrafo
Antes de controlar la presión del compresor, es fundamental saber cómo funciona este aparato, pues aunque no es complicado, hay que tener en cuenta varios aspectos. En el caso de no haber usado nunca uno, te explicamos paso a paso cómo configurarlo:
1. Si tu compresor tiene calderín, asegúrate de que el tapón de drenaje (si lo tuviera) está cerrado. Las válvulas también deben estar cerradas para evitar fugas de aire.
2. Coge la manguera que suele incluir el aparato e identifica los extremos, uno se conecta al compresor y el otro al aerógrafo.
3. Conecta el extremo del compresor a la salida de aire (puede tener rosca o conector rápido tipo “push‑in”). Asegúrate de que queda bien ajustado, sin fugas de aire. En el otro extremo conecta tu aerógrafo. De nuevo, si tiene roca, enróscalo con cuidado; si cuenta con conector rápido, empuja hasta que haga clic. Comprueba que no hay torsiones ni dobleces que bloquean el aire.
4. Conecta el compresor a la corriente y enciende el interruptor principal. Algunos tardan un poco en arrancar.
5. Observa el manómetro (si tiene) o indicador de presión para verificar que el aire empieza a acumularse en el caso de ser de calderín.

6. Localiza la perilla del regulador de la presión y escoge la que mejor te convenga según el tipo de pieza que vayas a pintar.
7. Abre el gatillo del aerógrafo (presiona ligeramente hacia abajo) para probar el flujo del aire. Ajusta la presión si el chorro es demasiado débil o fuerte.
8. Antes de usar pintura, prueba el aerógrafo con agua o en un papel de prueba. Presiona el gatillo y comprueba si el aire sale suave y uniforme. Si hay “pulsos” o el aire suena raro, revisa conexiones, manguera o drenaje del calderín.
9. Prepara la pintura en la copa.
10. Ya puedes empezar a pintar como hemos explicado anteriormente. Presiona el gatillo para que comience a salir aire, a continuación empuja hacia atrás para retirar la aguja interna y que pueda salir la pintura. Cuando termines, vuelve a centrar primero el gatillo y, después, deja de pulsarlo para que el aire sea lo último que cortes.
11. Limpia tu aerógrafo.
5. Mantenimiento y limpieza
El 90% de los fallos técnicos que ocurren al aprender a usar un aerógrafo no se deben a un defecto del aparato, sino a una limpieza deficiente o incorrecta. La pintura acrílica se seca rápido y, una vez solidificada en el interior de los conductos, puede resultar difícil de eliminar sin dañar ninguna pieza.
Existen dos tipos de limpieza que debes integrar en tu rutina:
1. Limpieza entre cambios de color. No es necesario desmontarlo por completo cada vez que cambias de tono. Basta con vaciar el depósito, aclararlo con agua y luego enjuagar con un Airbrush Cleaner específico hasta que el chorro salga totalmente transparente. Un truco esencial es el "backflushing". Esto forzará al aire a retornar hacia el depósito, creando burbujas que desprenderán los restos de pigmento acumulados en el canal de la aguja.

2. Limpieza profunda al finalizar la sesión: Al terminar el día, retira la aguja con sumo cuidado tirando siempre hacia adelante (para no arrastrar pintura hacia el mecanismo trasero). Limpia la aguja con un paño humedecido en limpiador y usa escobillas de precisión para el cuerpo del aerógrafo. Jamás fuerces la aguja al volver a montarla; si sientes resistencia, es que aún hay suciedad. Un mal montaje puede ensanchar la boquilla, lo que destruirá la capacidad del aerógrafo para realizar detalles finos.
Ambos tipos de limpieza están explicados detalladamente en nuestro artículo “¿Cómo limpiar un aerógrafo?”
Al final, dar el salto a la aerografía es un viaje de aprendizaje que requiere paciencia y constancia. Cada detalle técnico suma para aumentar la calidad final de las obras. Ahora que posees la información necesaria y sabes cómo usar un aerógrafo, te queda un único paso: poner en práctica todo lo aprendido. Recuerda que en Green Stuff World no apasiona el detalle y por ello disponemos de una amplia gama de compresores, diluyentes y accesorios para aerografía para tu transición a esta herramienta.
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